
Lugar: Nueva York, Estados Unidos
Fechas: 17 al 19 de mayo de 2010
Río+20 debe ser una Cumbre que sirva para renovar los objetivos marcados hace veinte años, revisar el grado de avance e incorporar los nuevos retos. Una ocasión para re-situar en los debates y la acción la centralidad de la sostenibilidad en nuestro siglo. Sustainlabour participó en esta primera reunión preparatoria para empezar a entender mejor las posibilidades de la convocatoria y averiguar cómo se estaban planteando y respondiendo otros las mismas preguntas.
Las discusiones de los gobiernos estuvieron marcadas por una puesta en escena teatral a la que nos acostumbraron ya en Copenhague, sin entendimiento entre los bloques, sin confianza y sin compromiso. Se opusieron inútilmente los términos economía verde y desarrollo sostenible, como si su oposición fuera hacer avanzar alguno de ambos. Por nuestra parte aprovechamos la agilidad de las discusiones y la oportunidad de participación que se nos dio para explicar las propuestas del movimiento laboral internacional.
Pedimos una transición clara hacia economía verde que ponga los cimientos de un futuro sostenible, pero que sea también una transición hacia una economía más equitativa que reduzca las diferencias de renta entre países y dentro de los países. Observamos con alegría, que las discusiones sobre empleo estaban en el centro de muchos de los debates y aprovechamos para pedir el compromiso con la agenda de trabajo decente.
Para que Río + 20 triunfe debe hacer propuestas coherentes en todas las dimensiones del desarrollo sostenible. Para cumplir con objetivos de sostenibilidad y progreso social necesitamos gobernanza internacional en todas y cada una de las dimensiones. Es urgente por ello regular los mercados económicos y financieros, y reforzar las estructuras de Naciones Unidas para que puedan ejercer el necesario gobierno social y medioambiental. Necesitamos un sistema que facilite la toma de decisiones con compromisos claros, que facilite también la implementación a nivel nacional de los mismos, un sistema capaz de pedir cuentas, de responsabilizar a gobiernos y empresas que no cumplan con los mismos, evidentemente también sobre los compromisos de ayuda financiera.
El contexto no parece ayudar. Los problemas para avanzar en las soluciones multilaterales son cada vez mayores, la agenda de comercio es un claro ejemplo en este sentido. Particularmente la gobernanza ambiental internacional sufrió un duro revés en Copenhague, del que ni los gobiernos ni los movimientos sociales parecemos habernos recuperado.




La decisión se adoptó en respuesta a la consulta de la Comisión Europea sobre combustibles fósiles no convencionales en Europa