25 de junio de 2012

CSI - No puede haber justicia social sin protección del medio ambiente

"El documento final de Río+20 no va a sacarnos de este modelo desigual y destructivo con el medio ambiente". El movimiento sindical internacional vino a Río con una serie de reivindicaciones claras y un programa que integra las tres dimensiones del desarrollo sostenible: apoyo a un piso de protección social, empleos decentes y verdes y una tasa sobre las transacciones financieras.

Reconocemos que la Declaración de Río+20 que fue presentada a los líderes mundiales incluye algunas de las reivindicaciones clave de los sindicatos, incluyendo los derechos humanos y sindicales, la protección social a fin de erradicar la pobreza, el trabajo decente como elemento central de las políticas de creación de empleo, la promoción de empleos verdes y el papel de los sindicatos.


No obstante, los sindicatos están profundamente decepcionados por el hecho de que los Gobiernos no promuevan o vinculen otras cuestiones críticas ni establezcan acciones consensuadas con objeto de integrar el programa social, medioambiental y económico que necesita el mundo.


La Declaración carece de compromisos respecto a acciones concretas “medidas de implementación” sobre todos los temas. Necesitamos compromisos específicos para orientar las inversiones a fin de crear empleos para el futuro y unos programas sólidos de protección social, así como compromisos globales para la regulación de los bienes comunes.


La Declaración presentada no equilibra las tres dimensiones del desarrollo sostenible. Da un paso atrás respecto a la protección del medio ambiente y los derechos reproductivos de la mujer. Su contenido no aporta un cambio real al actual modelo económico, que sabemos está basado en la explotación de los recursos naturales y la desigualdad. En Río se ha desperdiciado una gran oportunidad de garantizar que la ecología, la igualdad y la economía estén integradas y de consensuar una acción a nivel internacional.


Pese a algunos elementos positivos, la Declaración de Río+20 no cambia la trayectoria del actual modelo. Los sindicatos que han formado parte del proceso no han visto que los Gobiernos estableciesen una firme conexión entre el programa social y el medioambiental. Por ejemplo, los desastres naturales harán que resulte imposible garantizar una protección social universal. La falta de nuevos compromisos de inversiones en energía renovable, transportes o eficiencia energética no permite hacer frente a la crisis del desempleo. No se ha producido ningún compromiso respecto a fuentes innovadoras de ingresos globales, que podrían generarse con una tasa sobre las transacciones financieras, anulando cualquier capacidad real para financiar acciones con vistas al desarrollo sostenible.


La Declaración no consigue cobrar impulso en torno a la necesidad de regulación y gobernanza a escala global, y refleja la falta de voluntad por parte de los Gobiernos para contraer nuevos compromisos o reforzar un marco vinculante para la adopción de decisiones medioambientales, que se habría conseguido a través de una agencia medioambiental de Naciones Unidas.


En la Asamblea Sindical celebrada antes de la Cumbre, 66 sindicatos nacionales procedentes de 56 países acordaron un programa de acción para el futuro. Antes de venir a Río de Janeiro ya sabíamos que la Cumbre de Río+20 no iba a salvar al mundo. Pero esperábamos que los Gobiernos se mostrasen mucho más ambiciosos y aprovechasen la ocasión para llegar a un acuerdo internacional sobre el camino a seguir. Los sindicatos están comprometidos a poner de su parte para alcanzar un desarrollo sostenible a todos los niveles, en nuestros lugares de trabajo, nuestras comunidades, en nuestras negociaciones con los empleadores, y en la manera en que votemos.

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